
Terapia psicoanalítica para adolescentes: un espacio para entender lo que está pasando
Un espacio para entender lo que está pasando
Algo cambió. Tu hijo o hija se encerró en un silencio que antes no estaba ahí, o al revés — de pronto todo es un choque, una puerta que se cierra de golpe, un “no entiendes nada” repetido como si fuera lo único que quedara por decir. Quizás bajaron las calificaciones sin que nadie sepa bien por qué, o dejó de ver a los amigos con quienes antes tenía una relación cercana, o simplemente lo notas distinto y no sabes nombrar en qué.
No siempre hay una crisis evidente detrás de esto. La adolescencia es, en sí misma, un momento de reorganización: del cuerpo, de la relación con los padres, de la idea de quién se está siendo. Parte de lo que ves como “cambio preocupante” puede ser, simplemente, ese proceso generando tensión. Pero otras veces sí hay algo ahí que necesita un espacio propio para procesarse, y la dificultad como padre o madre es que no siempre es fácil distinguir una cosa de la otra desde afuera.
La Adolescencia Normal
Para entender lo que le pasa a un adolescente ayuda reconocer el trabajo interno tan intenso que implica esta etapa. Desde el psicoanálisis, la adolescencia no es solo un cambio de edad: es un proceso de reorganización profunda en el que hay que despedirse de varias cosas a la vez — del cuerpo y la identidad de niño, y sobre todo, de la imagen idealizada que se tenía de los padres.
Eso explica por qué la necesidad de privacidad se vuelve tan urgente: ese “encierro” en la habitación casi nunca es un rechazo a la familia, sino la construcción de un espacio propio, lejos de la mirada de los padres, que el adolescente necesita para empezar a pensarse como alguien separado de ellos. En ese movimiento, buena parte de su energía afectiva se desplaza hacia afuera de la casa — los amigos y los pares empiezan a ocupar un lugar central, como un nuevo sostén emocional y un espacio donde puede ensayar quién quiere ser.
La inestabilidad y los cambios de humor abruptos — pasar de sentir que todo lo pueden a la angustia, la apatía o la irritabilidad — responden a emociones nuevas y muy intensas que muchas veces los desbordan a ellos mismos. Es esperable que cuestionen, confronten y se muestren intolerantes: para poder salir al mundo, primero necesitan “derribar” internamente a esos padres de la infancia y cuestionar su autoridad.
Entender que esta separación, los altibajos y la preferencia por el mundo de afuera son parte de un proceso doloroso pero necesario ayuda a los padres a sostener mejor la tensión del momento — y a distinguir entre el ruido propio de un adolescente construyendo su identidad y un malestar que se ha estancado y necesita un espacio clínico.
En Insight trabajamos con adolescentes desde la terapia psicoanalítica: un proceso que no busca corregir una conducta puntual ni entregar un diagnóstico rápido, sino abrir un espacio donde tu hijo o hija pueda empezar a entender lo que le está pasando — con alguien que no es de la familia, que no juzga, y que sostiene la confidencialidad que un proceso así necesita para ser real.
Señales que pueden indicar que tu hijo/a necesita apoyo
No existe una lista cerrada de “síntomas” que garantice que algo anda mal, y es importante decirlo así de entrada: muchos de estos cambios pueden ser parte normal de crecer. Lo que sí vale la pena observar es cuando el cambio es abrupto, se sostiene en el tiempo, o empieza a afectar áreas importantes de su vida diaria — la escuela, las relaciones, el sueño, el apetito.
A menudo, estas conductas repentinas o disruptivas son, en realidad, un intento de comunicar algo que el adolescente aún no logra estructurar en palabras. El acto toma el lugar de la palabra que falta. Algunas de las señales más comunes que suelen traer a un padre o madre a buscar ayuda:
- Aislamiento notorio — distanciarse de sus amistades habituales, pasar cada vez más tiempo encerrado, evitar actividades familiares que antes disfrutaba.
- Cambios de conducta abruptos — irritabilidad constante, explosiones de enojo que no parecen corresponder a la situación, o el extremo opuesto: un silencio que reemplaza una comunicación que antes existía.
- Caída en el rendimiento escolar sin una explicación clara, o pérdida de interés en cosas que antes le importaban.
- Cambios en el sueño o la alimentación que se sostienen más de unas semanas.
- Señales de malestar emocional intenso — angustia visible, llanto frecuente, hablar de sentirse “vacío” o “sin ganas de nada”.
Si además notas indicios de que tu hijo o hija se está lastimando a sí mismo/a, o habla de no querer seguir viviendo, esto amerita atención sin demora — no es algo para esperar a que "se le pase". Un buen primer paso es buscar apoyo profesional de inmediato. El trabajo psicoanalítico ofrece un espacio fundamental para entender lo que originó el acto, pero este proceso suele iniciar de forma segura una vez que la urgencia inmediata ha sido contenida. Si en algún momento hay riesgo inminente, acudir a servicios de urgencia es la prioridad, no un proceso terapéutico de largo plazo. (Hemos escrito con más detalle sobre este tema específico en Autolesiones en adolescentes: guía para entender y brindar apoyo, pensado también para acompañar a los padres en ese momento.)
¿Qué hacer ante una urgencia psicológica o psiquiátrica?
Es fundamental aclarar que Insight no es un servicio de atención de emergencias psicológicas o psiquiátricas. Si tu hijo o hija presenta conductas autolesivas severas, verbaliza riesgo de suicidio o se encuentra en una crisis aguda que ponga en peligro su integridad, la contención inmediata es vital. En la Ciudad de México y en toda la República Mexicana, existen líneas oficiales y gratuitas de primera respuesta que operan las 24 horas:
- Emergencias (Nacional): 911
- Línea de la Vida (Nacional): 800 911 2000 (Atención especializada en salud mental).
- Consejo Ciudadano (CDMX y Nacional): 55 5533 5533 (Línea de Seguridad y Chat de Confianza).
- SAPTEL: 55 5259 8121 (Apoyo psicológico e intervención en crisis).
- Locatel (CDMX): 55 5658 1111 o marcando al *0311 (Orientación y apoyo psicológico).
Estas pautas y recursos son fundamentales para atender y estabilizar la emergencia en el momento. Posteriormente, y con mayor seguridad, se puede dar paso a un proceso terapéutico profundo para entender las causas subyacentes.
Fuera de esos casos de urgencia, la mayoría de las veces lo que trae a una familia a Insight es algo más difuso: la sensación de que algo cambió y no se sabe bien qué hacer con eso. Esa sensación, por sí sola, ya es una razón válida para buscar una primera conversación. (Ver también: Entiende y aborda el aislamiento adolescente.)
Cómo trabajamos con adolescentes en Insight
El trabajo terapéutico con un adolescente no es una versión reducida del trabajo con un adulto, y tampoco es igual al trabajo con un niño. Es un proceso que reconoce que quien está frente a nosotros está, literalmente, construyendo quién va a ser — y que necesita un espacio que le pertenezca a él o ella, no a sus padres.
Esto tiene implicaciones concretas en cómo trabajamos:
- Un espacio propio. La sesión es del adolescente. Eso no significa que los padres queden fuera del proceso, pero sí significa que lo que se conversa en la sesión no se reporta punto por punto hacia la casa. Sin ese resguardo, es difícil que se abra un espacio de confianza real.
- Sin diagnóstico exprés ni promesas de resultado inmediato. No llegamos a la primera sesión con una plantilla de “protocolo para adolescentes con tal conducta”. El proceso parte de escuchar primero — entender la historia particular, no aplicar una fórmula genérica.
- Un proceso, no una serie de técnicas. No trabajamos con ejercicios de modificación de conducta ni con tareas para “corregir” un comportamiento puntual. El trabajo psicoanalítico busca que el adolescente empiece a entender qué hay detrás de lo que le pasa — y desde ahí, con el tiempo, esas conductas suelen transformarse por sí mismas, de un modo más duradero que si se atacan directamente.
- Modalidad presencial o en línea, según lo que funcione mejor para la familia — ambas sedes de Insight (Col. Juárez y Polanco) reciben adolescentes, y también ofrecemos la modalidad en línea para quienes la prefieren.
¿Qué pueden esperar los padres del proceso?
Esta es, casi siempre, la pregunta que más pesa antes de empezar: ¿qué papel tengo yo en todo esto? La respuesta honesta es que el nivel de involucramiento varía según la edad y la situación particular, pero hay un principio que se mantiene siempre: ni ausente, ni invasivo.
Al inicio del proceso solemos tener una conversación con los padres para entender el contexto — qué ha cambiado, desde cuándo, qué preocupa concretamente. A partir de ahí, y dependiendo del caso, puede haber encuentros periódicos con los padres para dar seguimiento general al proceso, sin que esto signifique conocer el contenido específico de cada sesión.
Esa distinción — entre “estar informado del proceso” y “tener acceso a lo que se dice en sesión” — es la que sostiene la confianza que un adolescente necesita para hablar con libertad. Un padre que pide saber exactamente qué dijo su hijo en cada sesión, sin darse cuenta, suele estar cerrando la puerta que busca abrir.
Lo que sí pueden esperar los padres es un canal abierto con el terapeuta para plantear preocupaciones puntuales, entender en términos generales cómo va el proceso, y — si la situación lo amerita — recibir orientación sobre cómo manejar algo específico en casa mientras el proceso avanza.
Nuestro equipo
En Insight, Giovanna Nieto y Juventino Hernández son quienes atienden a adolescentes de forma directa, y forman parte del equipo central del proyecto — lo que significa continuidad real en el proceso terapéutico, no solo una sesión de entrada.
- Giovanna Nieto Saldaña (Céd. 13300757) trabaja tanto con adolescentes como con adultos, con atención particular a procesos de depresión, adicciones y temas de identidad, incluyendo población LGBTQ+.
- Juventino Hernández Aguilar (Céd. 10961070, UNAM) tiene especialidad en psicoterapia psicoanalítica para adolescentes y adultos.
Ambos atienden en las dos sedes de Insight — Col. Juárez y Polanco — y también en modalidad en línea.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad se puede empezar un proceso terapéutico?
No hay una edad única — depende más de la situación particular que de un corte etario fijo, sin embargo lo más comun es entre los 12 y 13 años. En la primera conversación podemos orientar si el momento es el adecuado o si conviene otro tipo de acompañamiento.
¿Los padres participan en las sesiones?
No de forma regular. Las sesiones son un espacio del adolescente; los padres tienen encuentros de seguimiento por separado, según se acuerde al inicio del proceso.
¿Es confidencial lo que dice mi hijo o hija en sesión?
Sí, con el límite ético y legal habitual en cualquier proceso terapéutico: si en algún momento existe riesgo real para su seguridad, ese límite se prioriza sobre la confidencialidad, y se buscará involucrar a los padres de la manera adecuada.
¿Cuánto dura un proceso de este tipo?
Varía según cada caso — no es algo que se defina de antemano en número de sesiones.
¿Cuál es el costo de las sesiones?
$750 MXN por sesión presencial (Col. Juárez o Polanco) y $650 MXN por sesión en línea, cada una de 50 minutos.
¿Quieres platicar sobre la situación de tu hijo/a antes de decidir?
Escríbenos por WhatsApp y agenda una primera entrevista en modalidad presencial en CDMX y en
línea.
